Palabras de Alejandro Dolina con motivo de una charla en la feria del libro: "Curiosa dificultad la de quienes se proponen enseñar alquímia, ya que deben transmitir una normativa cuyo precepto central es el secreto absoluto, entonces el profesor se encuentra ejerciendo al mismo tiempo la divulgación y el ocultamiento, y para completar exitosamente ambas actividades, no tendra más remedio que dictar unas clases que por lo menos tengan dos siginificados, uno aparente y otro secreto, que el alumno debera ir desifrando trabajosamente, y así tras largos signos de penosas lecciones, se habra ido contruyendo un lenguaje en dónde lo que se dice no es lo que se quiere decir, en donde cada palabra no es sino la imprescisa alegoría de otra que no ha sido dicha, y así el sol es el oro, pero también es el padre, y es Apolo y el calor del cuerpo, y el centro del zodíaco, y los siete metales son también las siete heridas de Cristo, y son también las siete virtudes y los siete colores, y los días de la semana, y las horas, y la suma de la trinidad con los cuatros elementos que de paso vienen a ser los cuatro evangelistas. Desde luego, el aprendiz, el alumno jamás tendrá la certeza de haber descubierto las verdades encondidas porque núnca se realiza la traducción definitiva.
Maestros y discipulos se hablan a través de los siglos en interminables diálogos y textos que son símbolos y emblemas de otros símbolos y emblemas cuyo comienzo o cuyo final es imposible hallar.
Manuel Mandeb, el pensador de flores afirma que toda conversación es una lección de alquímia, nadie dice lo que dice, nadie oye lo que oye, nadie escribe lo que escribe... Mandeb aclara que este último juicio oculta en verdad otro, que es secreto...
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